Según nuestra hipótesis, la situación de aislamiento y baja productivi­dad económica en la que se encontraba Marcala fue superada en la primera mitad del siglo XIX, debido a la vecindad con la República de El Salvador, que aventajaba económicamente a Honduras por múltiples factores; entre otros, sus famosas ferias comerciales que destacaban ya en la época colonial, particularmente la de San Miguel, ciudad relativamente cercana a Marca­la, sin olvidar que próximo a esta se encuentra el puerto de La Unión. En este puerto atracaban buques provenientes de Europa y Estados Unidos, cargados de mercancías que después traían comerciantes a nuestro país; estos, a la vez, adquirían los excedentes de productos agrícolas de la región para revenderlos fuera de esta.

Este intercambio comercial permitió que en el periodo 1838-1877 la economía de la zona mejorara su crecimiento y que, en cierta medida, se diversificara54, lo que también incidió en el dinamismo posterior del cultivo del café, como veremos a continuación.

Entrega libro OIC

El autor del libro Montgomery Melghem hace entrega de un ejemplar al presidente de la OIC.

Copia (2) de Scan_Pic0003

Beneficio para lavar café en la decada de 1950, perteneciente a la familia Martínez Guillen

 PRIMEROS INDICIOS SOBRE EL CULTIVO DEL CAFÉ EN MARCALA

La primera prueba documental que tenemos nos remonta a 1866; se trata de un informe estadístico que el gobernador de Comayagua, Juan Galeano, envió al ministro del Interior. De igual forma describe otros poblados del Distrito de Marcala y destaca, además, en cuanto al cultivo del café, a la población de Jesús de Otoro 56. Al referirse a Marcala, señala lo siguiente:

Por esos años el café ya gozaba de incentivos estatales y podemos afirmar, con base en los parámetros de cultivo de aquella época 57, que en nuestra región el cultivo con fines comerciales se introdujo a finales de la década de 1850. Esto se refleja, además, en la aprobación del Plan de Propios y Arbitrios de 1860, que no gravaba con ningún impuesto la venta del café, como sí se hacía en otros poblados. De ahí deducimos que el grano ya se producía en la zona, por lo que no era necesario traerlo de otra región.

Otro factor coadyuvante pudo ser el éxito que el cultivo del café tenía en El Salvador, que se incrementó con la llegada al poder del liberal Gerardo Barrios (1857), quien dio excepcionales incentivos a quienes se dedicaban a dicho rubro, sin olvidar las facilidades de comercialización existentes en aquel país, y que aprovechaban nuestros compatriotas.

Las expectativas mejoraron en Honduras en 1876, con la llegada al poder de Marco Aurelio Soto, apoyado por otros gobernantes reformistas liberales de la región, especialmente Justo Rufino Barrios de Guatemala. Muy pronto, este gobierno inició un programa de reformas encaminado a modernizar la economía y la sociedad para ponerlas a tono con el capitalismo mundial. Los reformadores hondureños intentaron emular los logros obtenidos por sus vecinos en Guatemala y El Salvador, países donde se habían producido cambios significativos dirigidos a alcanzar la categoría de economías agroex­portadoras basadas en el cultivo del café y otro.

Con este fin, en 1877 se promulgó la Ley de Agricultura que, entre otras, establecía medidas tendientes a la formación de fincas cafetaleras. En esta ley se disponía que toda persona interesada en formar una finca podía pedir tierras al Estado, comprometiéndose este a extender los títulos de propiedad correspondientes. Esta ley facilitó el incremento de la caficultura nacional, pero no se alcanzaron las expectativas deseadas al no haberse conformado una oligarquía cafetalera, como en las repúblicas vecinas.

En este contexto, Marcala tomó como suyas las políticas impulsadas por Marco Aurelio Soto, dado su terreno irregular y montañoso y su clima inmejorable. De ahí que M. Colindres, comandante de armas del departa­mento de La Paz, en una visita a la región dijera de Marcala que «el clima es fresco y benigno… propio para los cultivos de climas frescos», añadiendo que sus habitantes «se dedican especialmente al cultivo del café, los más grandes del departamento»62.

Así, desde el primer momento se tomaron en cuenta los factores de orden geográfico para asegurar la calidad y buena producción del grano, expandiendo de manera vertiginosa su cultivo. En 1884, el secretario mu­nicipal informaba al gobierno:

La cantidad de cafetos reportados demuestra el ánimo e interés puestos por la población marcalina en este rubro, lo que a su vez motivó la exigen­cia al Estado de maquinaria moderna y otros incentivos que abonarían sus «ánimos de emprender».

Es importante señalar que, con la aplicación de la nueva Ley de Agri­cultura (1877), se contribuyó en gran medida a la destrucción de los ejidos y propiedades comunales, dando así paso a la propiedad privada, como lo reconocía el propio presidente Soto:

 Estos postulados no eran casuales; los reformadores liberales los promovieron en los demás países centroamericanos con la intención de favorecer la apropiación privada de la tierra y fortalecer a la clase terrateniente. Siguiendo este patrón, en nuestro país se incentivó a la población interesada en formar fincas para que pidiera tierras al Estado, y que este extendiera los respectivos títulos de propiedad. Además, las municipalidades adquirieron la obligación de vender a los particulares las tierras ejidales incultas, con fines de explotación agrícola.

Las autoridades departamentales elaboraron registros de las personas aptas para el trabajo agrícola, a fin de asegurar el abastecimiento de mano de obra. Además, aplicaron otros incentivos para atraer a los campesinos a las fincas cafetaleras, como eximir del servicio militar a quienes trabajasen en las plantaciones65. Con todas estas ventajas, en la región occidental au­mentó el número de títulos de tierras privatizadas de un 235 a un 405%66 en las últimas décadas del siglo XIX.

Estas prerrogativas fueron asimiladas por la población que, rápidamente, solicitó terrenos ejidales para destinarlos al cultivo del café. Al respecto, en 1880, la municipalidad de La Paz se expresaba en estos términos:

En otra parte del mismo documento se afirma que, a cambio de satisfacer sus exigencias, los habitantes de La Paz prometieron:

Como se observa, al solicitar los ejidos, los pobladores que lo hicieron no pensaban en otro cultivo sino en el café. Pero no todo el contenido de la Ley de Agricultura era beneficioso para la población; al desaparecer los ejidos y la propiedad comunal, un alto porcentaje de la población indígena fue despojado de sus tierras ancestrales y condenado a servir como mano de obra asalariada, especialmente en esta región. Esto repercutió desfavorablemente en el siglo XX, cuando los indígenas reclamaron su derecho a la tierra.

Es necesario mencionar que en la segunda mitad del siglo XIX la población de la región occidental sufría un lento proceso de ladinización68. Marcala recibió una gran cantidad de familias ladinas, muchas de ellas provenientes de El Salvador, atraídas por las cualidades que ofrecía esta localidad para cultivar el café y emprender otras actividades lucrativas. Estas familias fueron desplazando poco a poco a los habitantes nativos y así constituyeron una élite que muy pronto controló el poder político y económico del lugar. Esta situación provocó la reacción de la población indígena que, a fines del siglo XIX, intentó separarse de Marcala y formar su propio municipio, alegando que junto a los marcalinos obtenían muy poca «felicidad social»69.

Las reformas emprendidas por Soto fueron acogidas con beneplácito por la población de Marcala y por la mayoría de los habitantes del departa­mento de La Paz, lo que resultó en un respaldo abrumador a la candidatura de Soto en las elecciones de 1880,

PRIMERAS MUESTRAS DE CALIDAD

..” En la feria comercial realizada en Nueva Orleans, en 1884, Marcala participó enviando muestras de café de «primera clase». Es de destacar que en esa feria, según los catálogos de los productos enviados, no se registró la participación de ningún otro municipio que expusiera «café de primera clase», lo que reafirma el especial interés que se puso, desde un primer momento, en la calidad del grano producido en esta zona”.

Desde los primeros momentos, las familias marcalinas interesadas en el cultivo se preocuparon por producir café de calidad, aprovechando las características óptimas de la región, como una excelente altura sobre el nivel del mar y un clima inmejorable. Además, en aquellos años se populariza­ron las ferias comerciales en los países industrializados, especialmente en los Estados Unidos. En estas se exponían, documentaban y promovían las materias primas del resto del mundo, incluyendo aquellas de las regiones más deprimidas económicamente. Así, en la feria comercial realizada en Nueva Orleans, en 1884, Marcala participó enviando muestras de café de «primera clase»70. Es de destacar que en esa feria, según los catálogos de los productos enviados, no se registró la participación de ningún otro mu­nicipio que expusiera «café de primera clase», lo que reafirma el especial interés que se puso, desde un primer momento, en la calidad del grano producido en esta zona.

En el mismo año se suscribió en la municipalidad de Marcala un acta acordando solicitar al Ministerio de Fomento una maquinaria para beneficiar el café y la adquisición de mil ejemplares de un manual de técnicas modernas sobre el cultivo y buen beneficiado del mismo71. Esto demuestra el marcado interés por obtener un producto de buena calidad, aplicando las técnicas más avanzadas de aquel tiempo; esta preocupación persiste actualmente, como resultado de una tradición transmitida de una generación a otra.

Finalmente, es necesario apuntar que la caficultura de Marcala no se centró en el afán de sembrar grandes extensiones, como en otros depar­tamentos; desde el inicio su objetivo se centró en la calidad del producto. Un factor que contribuyó a esta apuesta se vincula con el hecho de que el comercio del café producido en esta zona se exportaba hacia El Salvador, país que había acumulado experiencia en el beneficiado y la mejora de la calidad del producto y que exigía estándares definidos para comprar el café hondureño. Estos estándares fueron asimilados rápidamente por los cafi­cultores de la zona, lo que originó el estatus de calidad del café marcalino que hoy nos enorgullece.

Educación y urbanismo

Con la evolución de la caficultura en esta región se abrió un nuevo panorama de oportunidades para sus habitantes, como se observa en el realce que desde la década de 1870 adquirió la instrucción pública. Ejem­plo de ello es que la primera cooperativa creada en Marcala en 1876 —que también fue la primera que se organizó en Honduras—, perseguía como fin primordial financiar la educación de los vecinos de Marcala y de los pueblos aledaños. Para ello se hizo venir, desde la ciudad de Gracias, al reconocido maestro Alberto Galeano. Por aquellos años, la preocupación por formar y educar a los habitantes de una comunidad se daba solo en localidades que gozaban de alguna holgura económica, como el bienestar económico que proporcionaba el café. Otro dato relevante es que Marcala y los pueblos vecinos pagaban una cuota mensual al instituto de segunda enseñanza de la cabecera departamental, La Paz, destinada al pago de maestros, textos, local y otros gastos; el aporte de Marcala era de 15 pesos72.

En los mismos años comenzó un acelerado crecimiento del casco urbano de Marcala, que se tradujo en la construcción de nuevos edificios públicos como la escuela, el cabildo y una nueva iglesia, además del cementerio y nuevas calles.

PRIMERAS RUTAS COMERCIALES

Con la cosecha de una cantidad creciente de café de óptima calidad, se intensificó también su comercialización; para tal fin, se trazaron rutas des­tinadas a darle salida al producto, destacándose, en un primer momento, los mercados y las ferias comerciales de El Salvador, específicamente la de San Miguel.

El gobierno central procuraba que este grano se exportara por los puertos con el afán de elaborar un cálculo real de la producción cafetera nacional. Pero esto no se conseguía cuando el grano salía por las fronteras terrestres, como era el caso de Marcala y los municipios vecinos que lo hacían direc­tamente hacia El Salvador. Para evitar cualquier defraudación, el gobierno reconoció la importancia de esta zona y ordenó la construcción de nuevos caminos o la mejora los ya existentes; además, se propuso construir una carretera desde Marcala hasta el puerto de Amapala, el más importante a finales del siglo XIX. Con tal fin, envió a ingenieros del Ministerio de Fomento para hacer un estudio de factibilidad de dicha obra.

Puerto de Amapala, por donde se exportaba el café de Marcala.

Puerto de Amapala, por donde se exportaba el café de Marcala.

Así, en los últimos años del siglo XIX e inicios del XX se comercializaba el café por el puerto de Amapala; lo transportaban a lomo de mula desde Marcala por San Antonio del Norte y Lauterique, hasta el pequeño puerto de El Aceituno en el departamento sureño de Valle, para finalmente trasladarlo a Amapala con destino a los mercados internacionales.

CONSOLIDACIÓN DEL CAFÉ A FINALES DEL SIGLO XIX

Con el crecimiento del cultivo del café en Marcala y los pueblos aledaños, esta porción del occidente de Honduras inició su proceso de inserción en la economía capitalista mundial, como la promovían los gobiernos liberales, marcando así el futuro de este territorio. Al finalizar el siglo XIX, ya se había constituido una élite en torno del cultivo del cafeto.

Al finalizar el siglo XIX la caficultura de Marcala y los pueblos aledaños se había consolidado y, en consonancia, en la última década del mismo siglo comenzó a sonar una serie de apellidos de familias ligadas al cultivo del aromático, poseedoras de importantes plantaciones; entre otras, las fami­lias Arellano, Osorio, Mejía, Gámez, Vásquez, Molina, Bonilla y Hernández, que amasaron importantes capitales y adquirieron tierras en el municipio de Marcala73.

Jesús Arellano García

Jesús Arellano García

Merece especial mención el señor Jesús Arellano García, originario de Santa Rosa de Copán y con estudios en Guatemala. Desde su llegada a Marcala se dedicó al cultivo del café y se le atribuye la construcción del primer beneficio para lavar café (beneficio húmedo), llamado «el beneficio» y ubicado en el barrio La Victoria74. Esta instalación contaba con técnicas y maquinaria modernas, probablemente traídas de Guatemala. Por esos días existían dos tipos de beneficiado: el húmedo y el seco. El beneficiado del café maduro se hacía mediante el sistema húmedo para producir un grano de calidad superior y cuyo precio en el mercado era más alto. El beneficiado seco era más sencillo y menos costoso, pero de inferior calidad. A finales del siglo XIX el beneficiado húmedo predominó en Costa Rica y Guatemala75.

Desde el inicio el rubro cafetero se consolidó y su éxito condujo incluso a un abandono relativo del cultivo de granos básicos como el maíz y los fri­joles, provocando que el gobierno central ordenara a los círculos de Marcala y Opatoro la siembra obligatoria de granos básicos debido a su escasez en la zona, por estar más interesados en cultivar café que granos de primera necesidad76. Algo similar ocurrió en otras regiones del país, donde los cul­tivos de exportación, como el banano y la palma africana, absorbían gran cantidad de tierras fértiles, en detrimento de los cultivos necesarios para la dieta de la población77.Debido a su conocimiento de las técnicas modernas del cultivo del cafe­to, Arellano logró en poco tiempo sembrar gran cantidad de fincas en toda la región. En la lista de la Junta de Calificación de 1897 —que censaba las propiedades, nombres y capitales de los principales hacendados—, don Jesús Arellano García aparecía con la suma de 175 mil cafetos sembrados que, al compararla con listas similares de otras regiones cultivadoras de café, ubicaba al señor Arellano en el primer lugar por el número de plantas sembradas por un mismo propietario. Este dato demuestra que, si bien la caficultura hondureña no logró desarrollarse tanto como en otros países centroamericanos, en Marcala la situación fue totalmente diferente.

De esta forma, la municipalidad de Marcala se adscribió, finalizando el siglo XIX, al proceso de reformas agrícolas dirigidas por los gobiernos liberales argumentando al menos veinte años de producción sostenida y considerable del café, y manifestando como indispensable la necesidad de tecnificar dicho rubro.

Así, Marcala no solo acató la orden del Poder Legislativo, sino que tam­bién optó por lograr el reconocimiento oficial de las autoridades respecto de que su territorio era eminentemente cafetalero y con posibilidad de obtener beneficios y ayudas en su condición de zona productiva, en el marco de las políticas de incentivo a la agricultura. Es por eso que en la misma acta, la Junta acordó:

1° Solicitar al Gobierno una máquina de invención moderna para el bene­ficio completo del café, i mil ejemplares de instrucciones impresas sobre el cultivo del café i la caña. 2° Solicitar del mismo Gobierno la exclusión del servicio militar para todo el que tenga o ponga en estado de cosecha cinco mil árboles de café o dos manzanas sembradas de caña. 3° Pedir al mismo la concesión del producto que da el impuesto pecuario en este pueblo i la exclusión del contingente asignado para el sostenimiento del Colegio de La Paz83.

Las peticiones municipales eran tan grandes como las expectativas sobre el cultivo del café: maquinaria moderna, instrucciones impresas para la siembra del café y la caña, exclusión del servicio militar para los propieta­rios que tuvieran o pusieran en cosecha un mínimo de cinco mil cafetos84, el cobro local del impuesto agrícola y eximirse de aportar para sostener el Colegio de La Paz.

El carácter imperioso con el que se llama al cultivo del café a los pobla­dores evidencia que su producción era de gran interés para los hombres prominentes del lugar. Es más, desde mucho antes, en 1884, la alcaldía municipal ya estaba interesada en impulsar aceleradamente la producción cafetalera, pues consideraba al café como uno «…de los elementos que le son peculiares i que marcan su porvenir…» y que ya es preciso desarrollar «con el objeto de procurar la remoción de algunos obstáculos que hay en la agricultura naciente de este pueblo…»; esto demostraba, además, que ya en aquel año los dueños de fincas ejercían influencia sobre las autoridades locales, que parecían demasiado pendientes de sus necesidades, o pode­mos especular que estas autoridades estaban de alguna manera ligadas al cultivo del aromático.

La identificación del café como patrimonio de Marcala hizo que este se sumara a los valores y recursos propios del lugar, que prometía bene­ficios económicos a toda la nación. Sin embargo, esta premisa no era del todo cierta, puesto que con tantas exenciones y prerrogativas otorgadas, el Estado invertía más de lo que percibía. Lo que sí se estaba logrando era generar cierto grado de acumulación de capital, y una pequeña oligarquía local a partir del café.

De este modo, los últimos años del siglo XIX implicaron para Marcala la identificación de su territorio como perteneciente a una región esencialmente cafetalera, con una base sólida de calidad y tradición, lo que determinó el auge que alcanzaría la caficultura en el siglo XX.

LOS ALEMANES Y SUS APORTES A LA CAFICULTURA EN MARCALA

A finales del siglo XIX la caficultura en Marcala se abría paso y se in­sertaba en un proceso que facilitaría su consolidación. Contaba ya con importantes plantaciones y con una élite dedicada a este rubro, aplicaba técnicas nuevas de cultivo y su café adquiría creciente fama por su calidad; esto llamó la atención de la colonia alemana radicada en Honduras, que mostró creciente interés en esta actividad que, además, mejoraba su precio en el mercado internacional y se producía localmente a bajo costo, todo lo cual aseguraba su

A finales del siglo XIX la caficultura en Marcala se abría paso y se insertaba en un proceso que facilitaría su consolidación. Contaba ya con importantes plantaciones y con una élite dedicada a este rubro, aplicaba técnicas nuevas de cultivo y su café adquiría creciente fama por su calidad; esto llamó la atención de la colonia alemana radicada en Honduras, que mostró creciente interés en esta actividad que, además, mejoraba su precio en el mercado internacional y se producía localmente a bajo costo, todo lo cual aseguraba su rentabilidad.

¿Quiénes eran y qué hacían aquí estos inmigrantes de origen germáni­co? En 1880 se promulgó una nueva constitución para ayudar al Estado a modernizar las estructuras socioeconómicas tradicionales; el Estado debía procurar la prosperidad y el desarrollo nacional. El nuevo papel del Estado, en su afán modernizador, era fomentar el progreso de la agricultura, la in­dustria y el comercio y, además, atraer inmigrantes para colonizar las tierras nacionales e importar capital.

Para alcanzar tales objetivos, la nueva Constitución otorgaba privilegios y concesiones a ciudadanos nacionales y extranjeros. De hecho, enfatizaba que los extranjeros tenían los mismos derechos civiles que los ciudadanos hondureños, y que ningún extranjero tenía más privilegios que otro; en tal virtud, podían comprar, vender, rentar, practicar industrias y profesiones, poseer todo tipo de propiedades y disponer de estas de acuerdo con la ley86. Estas ventajas y facilidades permitieron que, a finales del siglo XIX, se establecieran en Honduras pequeñas colonias de inmigrantes franceses, alemanes, italianos, ingleses y estadounidenses; destacó entre estas una importante colonia alemana establecida en la región sur, específicamente en el puerto de Amapala.

La migración alemana a Centroamérica tuvo auge en las últimas dos décadas del siglo XIX, y se dedicó a hacer importantes inversiones en el comercio, la banca y la agricultura. En los primeros años del siglo XX, los alemanes habían desplazado a los comerciantes ingleses y franceses; ocupa­ban una posición importante en la estructura económica de Centroamérica, apoyados fuertemente por el gobierno alemán, que los estimulaba a invertir en bienes inmuebles, empresas industriales, agricultura y banca87.

Debido al crecimiento comercial de los alemanes radicados en Honduras, en 1898 se estableció en Marcala una sucursal de la sociedad comercial Rössner & Cía90Debido al crecimiento comercial de los alemanes radicados en Hondu­ras, en 1898 se estableció en Marcala una sucursal de la sociedad comercial Rössner & Cía90. A esta se sumó el principal productor de Marcala, don Jesús Arellano, lo que le permitió adquirir los conocimientos modernos traídos por los europeos, y sumarlos a su habilidad y experiencia en el campo. Se desarrollo un peculiar sincretismo entre ambos saberes, lo que contri­buyó significativamente a elevar los estándares de producción y calidad en las plantaciones de café.Al establecerse en el puerto de Amapala, los alemanes formaron socieda­des comerciales; una de las más importantes fue la del señor José Rössner, súbdito alemán nacido en Guatemala quien —asociado desde 1890 a los también alemanes Roberto Motz y Guillermo Hayden—, constituyó la firma J. Rössner y Cía.

Dicha sociedad incluía entre sus actividades administrar toda clase de bienes, comprar y vender propiedades, y prestar dinero a cambio de hipotecas. Gracias a los exitosos negocios, esta sociedad rápidamente se hizo de nuevas fincas que compraba a los habitantes de la zona; los logros alcanzados obedecían al considerable capital que poseía esta asociación y al negocio de los préstamos hipotecarios, que le permitió adquirir numerosos terrenos y fincas, al ejecutar las hipotecas vencidas.

La entrada en escena de estos inmigrantes incentivó en gran medida la caficultura de Marcala que, al iniciar el siglo XX, ya contaba con un mercado seguro, pues exportaban el grano directamente a Europa, específicamente a Alemania, por medio de la mencionada sociedad comercial. La calidad también mejoró considerablemente; los inmigrantes promovieron nuevas y mejores técnicas de beneficiado y explicaron su importancia a los caficul­tores locales, con lo que se inició una cultura alrededor del café «lavado» o beneficiado húmedo, que aportaba mayor calidad al grano y que perduró en la región a través del tiempo.

A esta firma comercial también se le atribuye la construcción del primer beneficio húmedo que utilizaba la fuerza hidráulica, establecido en el barrio La Victoria, donde funcionó el beneficio de don Jesús Arellano; actualmente es propiedad de la familia Quezada.

En 1909 murió don Jesús Arellano; lo sustituyó en la administración de la casa comercial el alemán Max Bondestd, quien se mantuvo por corto tiempo en el cargo. Lo sustituyó Max Drawert, caballero alemán estrecha­mente ligado al cultivo del café y a pequeñas industrias que daban empleo a los marcalinos. En aquellos años, muchos alemanes trabajaron para esta empresa: Johann Pape, Carlos Coster, Roberto Rössner, Luis Still, Wilfredo Deresinski, Ludovico Johansen, Félix Herde, Tolar Steinhauser, Guillermo Drawert y Guillermo Debbe, entre otros, aportaron sus esfuerzos para sacar adelante a esta firma comercial.

En las primeras décadas del siglo XX la Casa Rössner alcanzó un im­portante control de la producción cafetalera de esta zona. Muchas plan­taciones pequeñas y medianas fueron absorbidas por su enorme capital, concentrándose así la propiedad cafetalera. Sus fincas representaban un alto porcentaje del total de las plantaciones existentes y su influencia se hacía sentir en la mayoría de los municipios donde había plantaciones de café. Un resorte clave de su éxito era el manejo de la exportación, por lo que la mayoría de los caficultores vendía su cosecha a esta casa comercial.

 En 1898 se estableció en Marcala una sucursal de la Casa Rossner

En 1898 se estableció en Marcala una sucursal de la Casa Rossner

El poder e influencia de la Casa Rössner se consolidó cuando creó su propia moneda o ficha de circulación local para pagar a los productores que le vendían su café, así como a los «corteros» y al personal de sus fincas. Estas fichas, por lo general, eran de bronce u otro metal de bajo costo; la que puso en circulación en Marcala era, al parecer, de bronce, y en sus caras tenía grabado el nombre de la casa comercial y el de Marcala. Las monedas tenían dos tipos de valores fijos: una equivalía a «un cajón» y otra a «medio cajón», Al pagar con moneda propia, la Casa Rössner se aseguraba un mercado cautivo, puesto que tales monedas no podían utilizarse en otros lugares más que en la casa comercial, donde se canjeaban por objetos de uso cotidiano; así se aseguraba el retorno del capital circulante. Si bien el uso de estas monedas fue una forma ingeniosa de suplir la ausencia de una moneda na­cional en aquellos años, también representó una forma sutil de explotación del campesinado y de los productores porque, además, no era dinero de circulación legal91.

No está demás mencionar que el uso de estas monedas o fichas se im­plementó en otras ciudades hondureñas con fines similares, como ocurrió en el área de influencia de las compañías bananeras en la Costa Norte; allí la explotación del campesinado fue mayor y el daño a la economía nacional fue significativo por el acaparamiento del capital y su escasa democratiza­ción. No obstante, el uso de estas monedas en fincas cafetaleras solo se dio en Marcala, a través de la Casa Rössner; y, en Choluteca, en la finca Los Pirineos, propiedad del alemán Francisco Siercke.

Siercke destinó parte de su capital a la construcción de beneficios de café con el objeto de asegurar y promover la calidad del grano producido en la zona; en 1942 poseía dos beneficios, uno en Marcala y otro en Opatoro93. Posteriormente, estos beneficios pasaron a manos de importantes cafeta­leros locales, como don Andrés Martínez y don Ricardo Martínez. Por otra parte, en la casa matriz de esta firma comercial en Choluteca se instaló una moderna máquina para secar café de primera, segunda y tercera clase94. Así, Francisco Siercke y su familia conformaron un emporio económico en las décadas comprendidas entre 1920 y 1940, destacándose el negocio de café como su principal actividad comercial, tanto en el mercado local como en el de exportación.A inicios del siglo XX también comenzó a evidenciarse en esta zona la penetración del capital de Francisco Siercke  Kulhman, alemán residente en Choluteca, terrateniente, industrial y comerciante que, al igual que José Rössner, creó una sociedad mercantil con inversiones en las regiones sur, centro y occidental del país. Se dedicó en gran medida al cultivo del café, actividad que desarrolló en Marcala y los municipios vecinos; abrió una sucursal de su tienda y no solo se dedicó al cultivo del aromático, sino también a su compra, con el fin de exportarlo a Alemania, específicamente al puerto de Hamburgo, donde su pariente Ernesto Siercke se encargaba de verificar que las operaciones aduaneras y comerciales se desarrollaran con normalidad, lo que le permitió algún grado de ventaja sobre otros co­merciantes del mismo rubro. Otro elemento a destacar es que la sucursal establecida en Marcala funcionaba como una especie de banco, ya que se podía hacer depósitos en la agencia principal ubicada en Choluteca, y el dinero se recibía en esta localidad92.edidas utilizadas para la compra o el corte de café, si el pago era para los jornaleros.

Max Drawert, ciudadano alemán

Max Drawert, ciudadano alemán

Mención aparte merece el ciudadano alemán Max Drawert, quien llegó a Marcala en 1909 como administrador de la Casa Rössner, cargo que des­empeñó hasta inicios de los años 20. Con la experiencia ganada en más de una década, fundó en Marcala un almacén denominado Bazar Alemán que, rápidamente, lo convirtió en un poderoso comerciante con sucursales en varias localidades del departamento. Además, poseía una cantidad conside­rable de fincas de café y un beneficio propio en Los Planes de Santa María llamado El Esfuerzo; también exportaba su café directamente a Alemania con su propia marca: «Esfuerzo»95.

Escogedoras de café en la finca de don Max Drawert.

Escogedoras de café en la finca de don Max Drawert.

Max Drawert trajo a su hermano, Guillermo, para que lo ayudara en sus actividades mercantiles, y a otros operarios alemanes, asegurando así actualidad en cuanto a gustos y tendencias del consumidor alemán y europeo en general. Actualmente se puede ver su casa, en pleno centro de Marcala, expresión del poder y fortuna que amasó durante su vida.

Se sabe, además, que Drawert se preocupó en gran medida por capacitar a sus trabajadores en el conocimiento de las técnicas modernas de cultivo, administración y nociones de contabilidad para obtener mayor rentabili­dad en sus plantaciones. Otro elemento a destacar es que empleó una gran cantidad de mujeres como escogedoras del café; ellas eran las encargadas de separar los granos de mala calidad o defectuosos para obtener un café de excelencia. Como capitalista moderno que era, implementó la jornada laboral de ocho horas, adelantándose en su tiempo a la mayoría de sus similares en Honduras.

En el decenio de 1930 fue notoria la participacion de otro alemán, German Gastell, en la produccion y comercialización del café; tuvo mucha presencia en los municipios de Santa María, San Pedro de Tutule, la zona de Los Planes y otras del departamento de La Paz.

En la segunda decada del siglo XX apareció la firma comercial Pablo Uhler y Cia., que pronto se involucró en la compra del café con fines de exportacion. Sin embargo, esta sociedad no tuvo una casa comercial en Marcala como las anteriores, pero realizó importantes negocios con los cafetaleros de la zona, incluso al iniciarse la Segunda Guerra Mundial y en años posteriores.

La Segunda Guerra Mundial se inició en 1939 y, luego del ataque japo­nés a Pearl Harbor, en diciembre de 1941, Honduras le declaró la guerra al Japón y a Alemania. La embajada estadounidense en Honduras elaboró entonces una lista de supuestos simpatizantes del gobierno nazi residen­tes en Honduras, entre los que se encontraban los comerciantes Roberto Rössner, Teodoro Koncke y Francisco Siercke. Esto dio lugar, en 1941, al cese de las importaciones y exportaciones vinculadas con Alemania96. Por medio del Decreto Nº 57 del 17 de noviembre de 1942, el gobierno hondureño inició el congelamiento e inmovilización de los fondos y bienes de los ciudadanos japoneses, alemanes e italianos residentes en Honduras97.

Almacen de don Max Drawert en Marcala a finales de 1920

Almacen de don Max Drawert en Marcala a finales de 1920

En Marcala, al igual que en el resto del país, se ejecutó dicho decreto y se congeló gran parte de los activos de los ciudadanos mencionados, algunos de los cuales transfirieron sus bienes a parientes o empleados de confianza para evitar su confiscación. En algunas localidades el gobierno nacional subastó tales bienes entre sus allegados, a precios irrisorios. Mediante la transferencia de bienes a parientes y empleados de confianza, algunos pro­pietarios de las nacionalidades mencionadas lograron, en algunos casos, que sus fincas les fueran devueltas años después. Con esta disposición gubernamental finalizó el monopolio que virtualmente mantenían los em­presarios alemanes sobre el comercio del café hondureño de exportación.

En síntesis, la inmigración alemana aportó elementos valiosos a la cafi­cultura marcalina y de los municipios vecinos que, sumados a la tradición ya existente en la zona, contribuyeron a definir el rumbo y la calidad de la caficultura local, así como a generar la pasión por el café. Entre tales aportes destaca la apertura de nuevos mercados, hoy en día importantes para el café marcalino y de todo el país; la dinamización del comercio y la industria, sin olvidar la promoción que realizaron en cuanto a la necesidad de producir café de calidad, el más apetecido por el consumidor final, es­pecialmente el europeo.

Presencia de otros extranjeros en Marcala

A principios del siglo XX Marcala se convirtió en lugar de residencia de numerosos extranjeros de distintas nacionalidades, no solo alemanes. Muchos fueron atraidos por la fama de esta localidad de poseer un exce­lente café y las oportunidades económicas ligadas a este rubro, por lo que encontramos una cantidad considerable de forasteros que participaban directamente en el cultivo cafetero o en actividades relacionadas con los ingresos generados por este. Muchos eran de origen salvadoreño, por la vecindad de Marcala con El Salvador, pero otros eran de origen español, francés y árabe.

De los inmigrantes árabes se sabe que a finales del siglo XIX llegó a Marcala don Pablo Melghem, de origen libanés, dedicado en un primer momento al comercio; posteriormente adquirió propiedades de la Casa Rössner en la aldea El Pastal, donde cultivó caña de azúcar y café. El señor Melghem se dedicó también a la fabricación de aguardiente —se dice que de excelente calidad—, con el que ganó mucha fama en el ámbito nacional y así logró suscribir contratos con el gobierno. Además, mantenía muy buenas relaciones con la colonia alemana radicada en Marcala, a través de la cual comercializaba su café. Sus descendientes siguen radicados en Marcala y continúan dedicados al cultivo del café98.

Alemanes entre ellos Max Drawert en la hacienda San Pablo del árabe Pablo Melghem, de pie, sin sombrero.

Alemanes entre ellos Max Drawert en la hacienda San Pablo del árabe Pablo Melghem, (de pie, sin sombrero).

Otro extranjero que se radicó en esta región fue el palestino Moisés Nazar quien, atraído por la hospitalidad y el impulso económico de la zona, montó una fabrica de vino de naranja, fruta que se sembraba en los cafetales y jardines de la localidad; su vino gozó de mucha fama a nivel nacional. En menor escala se dedicó al cultivo de café y cereales. Además, Nazar se in­volucró en las guerras intestinas que asolaron el país a principios del siglo XX, y llegó a ostentar el grado de General.

En Marcala vivió también el francés Maximiliano Bourdeth quien, como otros europeos residentes en la zona, se dedicó a la caficultura. A la muerte de don Jesús Arellano compró la propiedad de este, donde se ubicaba el beneficio de lavar café en el barrio La Victoria, propiedad que luego pasó a manos de Max Drawert y donde los alemanes construyeron un beneficio moderno, como ya se indicó. El señor Bourdeth era también dueño de un aserradero, el primero en el departamento de La Paz en ser movido por fuerza hidráulica. Los hijos de don Maximiliano continuaron con la tradición familiar, ligada al rubro del café99.

LAS MUJERES Y SU PAPELEN LA CAFICULTURA

Un elemento importante a destacar, al analizar la evolución de la cafi­cultura en nuestra región, es la decidida participación de las mujeres en la consolidación de la finca cafetalera en Marcala y los municipios vecinos. Desde el inicio, su participación fue notoria en las distintas labores rea­lizadas en la cadena de cultivo, beneficiado y comercialización del grano. Esta participación, poco estudiada hasta la fecha, representó un avance en cuanto a la igualdad de derechos en la sociedad machista que prevalecía a finales del siglo XIX e inicios del XX.

Actualmente no es extraño ver a las mujeres participando en numerosas actividades propias del mundo cafetalero, ya sea como dueñas de fincas o como jefas de una cantidad considerable de trabajadores en sus plantacio­nes, además de participar en las labores de dirección de los organismos cafetaleros locales. Esta situación no es nueva; por el contrario, se dio desde el inicio mismo de la caficultura en esta zona, como lo constata el caso de doña Rosalina v. de Henríquez120, dirigente por décadas de los cafetaleros en el siglo XX. Otras mujeres incursionaron en la comercialización del café, una actividad que, en su tiempo, era casi exclusiva de los hombres. Como evidencia, a continuación reproducimos el recibo extendido a una dama marcalina que incursionó en la empresa de compra del aromático.

Este documento es una prueba del papel dinámico que las mujeres desempeñaban por aquellos años en las actividades ligadas al patrimonio de esta zona.

En 1855 se constituyó en Marcala la «Junta de Señoras», con el propósito de recaudar fondos para educar a los niños de esta zona121; las asociaciones no rectoradas por hombres no eran comunes en la Honduras del siglo XIX y, en alguna medida, contribuyeron a la emancipación de las mujeres en el siglo siguiente; por ello, este tema merece mayor atención por parte de los historiadores.

En el siglo XX el papel de las mujeres continuó siendo importante en la cadena productiva hasta alcanzar, como ya relatamos, la condición de propietarias de fincas y copartícipes en la conducción de las organizaciones cafetaleras. Además, siguieron destacándose en la recolección y selección del grano, así como en otras labores que requieren sus destrezas.

Como ya lo señalamos páginas atrás, los campesinos se apropiaron poco a poco del cultivo del aromático en nuestro país. Por tanto, si se considera el número de hogares rurales encabezados por mujeres, especialmente en la región occidental, no es aventurado afirmar que el cultivo del café repre­sentó una verdadera tabla de salvación ante la maltrecha economía de la región, que sacó adelante los hogares y aumentó la independencia de las mujeres ante los hombres.

LA DENOMINACIÓN DE ORIGEN CAFÉ MARCALA

En la actualidad el café, como actividad económica, presenta en Honduras la mayor distribución social de toda Centroamérica. Esto quiere decir que la pequeña y mediana propiedad domina la producción cafetalera, situación muy distinta a la de El Salvador y Guatemala, donde la producción se concentró en un sector reducido de propietarios de extensas plantaciones.

Según el IHCAFE, el café se siembra en 15 de los 18 departamentos de Honduras y en 213 de sus 298 municipios. Por su enorme distribución geográfica y su composición socio productiva, es importante destacar el valor social y económico de este rubro, que involucra a más de cien mil familias rurales, y que en su cadena empresarial genera más de un millón de empleos directos e indirectos.

El 80% del café hondureño es producido en plantaciones pequeñas y medianas, y quizás esta proporción sea mayor en Marcala y los municipios aledaños donde, desde mediados del siglo XX, la población campesina se apropió de este cultivo. Así se garantizó el éxito de esta labor, a lo que se sumó una larga tradición de calidad, como se ha evidenciado en este estudio.

La conjunción de todos estos factores ha dado lugar a que el café de Marcala posea características agroecológicas y sabor de tazas especiales, irrepetibles en el mundo. Las características de taza del café de Marcala son especialmente florales y cítricas en su aroma, con una textura muy cremosa y exquisita acidez que nos recuerda las naranjas, mandarinas, la mora silvestre, los melocotones y otros frutales propios de las fincas de esta región, cualidades muy apreciadas por los catadores más exigentes del mundo127. Estas virtudes, integradas al factor humano, han dado café de Marcala unas cualidades excepcionales, hasta obtener un merecido reconocimiento nacional e internacional como el mejor café de Honduras y uno de los mejores del mundo.

Sin embargo, hasta noviembre de 2005, no existía para el café Marcala una protección jurídica que impidiera las usurpaciones e imitaciones fraudu­lentas de su nombre y, por ende, una garantía que ofreciera a su clientela la seguridad del origen y la calidad del café comercializado bajo este nombre.

Con tal propósito, un grupo de marcalinos y caficultores de esta zona impulsaron la idea de obtener un amparo jurídico que les permitiera gozar del prestigio de su café; esto dio paso a la creación de la Asociación Deno­minación de Origen Protegido Café Marcala (ADOPCAM) —organización única en Honduras y Centroamérica—, que se convirtió en la herramienta idónea para mejorar la competitividad y la capacidad de acceder a nuevos mercados.

Es necesario señalar que una Denominación de Origen (DO) se entiende como un tipo de indicación geográfica que se aplica a un producto agrícola o alimenticio, cuya calidad o características se deben exclusivamente al medio geográfico donde se produce, transforma y elabora. En otras palabras, es una calificación empleada para proteger, legalmente, ciertos alimentos que se producen en una zona determinada, de productores de otras zonas que podrían buscar aprovechar el buen nombre que han creado los originales, en un largo tiempo de fabricación o cultivo…”

18 de marzo 129

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